Educación Humanista

LA EDUCACIÓN HUMANISTA PRIVILEGIA LA FORMACIÓN PARA LA SOLIDARIDAD COMO UNA

RESPUESTA A LA DESHUMANIZACIÓN DEL MUNDO


Las condiciones que impone esta época a la existencia de cada ser humano son el resultado de las exigencias que la globalización capitalista hace para poder mantenerse y desarrollarse. Estas condiciones fragmentan la vida de las personas desposeyéndolas de todo y de sí mismas; parcializando sus vidas en tiempo de trabajo y en tiempo de ocio consumista, especializándolas en tareas que sólo desarrollan una mínima parte de su maravillosa totalidad, esparciendo las horas de sus días entre los largos tiempos que dedican a los transportes para los desplazamientos (provocados por la absurda forma como las ciudades actuales distancian los lugares de vivienda con los lugares de trabajo, de estudio, de servicios de salud, de espacios recreativos, etc.), los tiempos que dedican al trabajo y/o estudio y los poquísimos tiempos que les quedan para atender los demás aspectos de su vida.

Esta forma de existencia -en migajas- nos relaciona con muchas personas con las que podríamos construir una constelación de interacciones enriquecedoras pero el modelo del sistema neo-liberal, para poder desarrollarse, tiene que imponer una visión del ser humano usuario/consumidor para que las relaciones con los otros deban ser competitivas; privilegiando las diferencias de edad, sexo, aptitud, conocimiento, inclinación intelectual o afectiva, la apariencia física, etc. lo que jerarquiza un sistema de relaciones y de comunicaciones de autoridad y de obediencia, de superioridad y de inferioridad, de derechos y deberes, de privilegios y de privaciones. Esta jerarquización de signos de diferenciación que se manifiesta en las comunicaciones y en las relaciones sociales no es sólo un modo de comunicarse y relacionarse sino que también es un modo de interpretar, de analizar, de pensar y de sentir al mundo humano y natural; es un modo de ser y de estar en el mundo basado en la competencia, en la rivalidad, en las jerarquías y en las clasificaciones. Un modo de estar en el mundo que lleva a algunos a buscar compulsivamente el sobresalir sin pensar en las demás personas, en llegar a ser capaces de dañar a los demás para lograr el propio beneficio, en acaparar para ganar aunque eso cause pobreza lo cual conlleva, en muchas ocasiones, a los extremos de malversar fondos públicos como lo hace la corrupción política, a engañar la confianza de las personas en los fondos privados, a mentir para generar y explotar falsas esperanzas. Un modo de ser y de estar en el mundo que lleva a pensar en otros seres humanos como seres menos que humanos: como objetos que pueden ser utilizados.

En una sociedad fracturada y polarizada como la colombiana se han desarrollado e instalado a lo largo de toda su historia procesos de deshumanización que han construido un modo individualista e indiferente como el que vivimos en la cotidianidad; el modo egoísta como pensamos y discernimos la presencia de los otros en nuestras vidas, cómo los valoramos y tratamos, cómo les hablamos y consideramos; es decir, el modo de relaciones interesadas, egoístas y excluyentes que caracterizan a un porcentaje de nuestra población -suficientemente alto- como para explicar la Colombia que tenemos.

El bienestar humano de una sociedad se mide por su capacidad de promover relaciones recíprocas e incluyentes y esto sólo es posible si a las personas se les educa de esta manera: para la RELACIÓN SOCIAL como fundamentación ética en el trato, para el VALOR alrededor del cual se deben ir organizando todos los demás valores, para la SOLIDARIDAD porque tiene que ver con el otro, para la comprensión del otro a lo que llamamos RESPETO, para ser capaces de captar el sentir del otro, para ayudar al otro sin sentir lástima reconociendo sus posibilidades futuras, para el decidir hacer cosas por el otro a lo que llamamos COMPROMISO y para luchar por que el otro pueda tener lo que uno disfruta y ama a lo que llamamos JUSTICIA. La educación debe capacitar para el ejercicio de la solidaridad:

1) Para comprender la situación del otro.
2) Para comprender la situación cuando el otro requiere apoyo.
3) Para saber si las propias fortalezas están en capacidad de dar y/o buscar apoyo para quien lo necesita.
4) Para proporcionar apoyo.

Las instituciones educativas, para que sean humanistas, desde los salones de clase deben orientarse a favorecer la vivencia de la solidaridad. Los maestros deben actuar solidariamente entre ellos hacia afuera; hacia los alumnos instruyendo en la práctica de la metodología de la no violencia activa y habilitando a los alumnos en una nueva visión del mundo, de tal manera que se recupere el valor del ser humano poniendo en práctica la regla de oro, hoy expresada en el principio de solidaridad capaz de orientar la acción humana, que reza así: “TRATA A LOS DEMÁS COMO QUIERES QUE TE TRATEN”. Deben crearse espacios de reflexión y práctica sobre la solidaridad donde los alumnos se integren individualmente y discutan grupalmente sobre PONERSE EN EL LUGAR DEL OTRO.

La DESHUMANIZACIÓN actual y la urgente necesidad de INCLUIR EN LA EDUCACIÓN LA FORMACIÓN EN SOLIDARIDAD como una respuesta necesaria a la DESHUMANIZACIÓN debe ser el eje articulador de la FORMACIÓN en todos sus niveles y modalidades.

Patricia White de Salazar

Gestora Social